Desde que soy niño, pierdo muchas cosas. Desde que soy padre, pierdo muchas otras.
He perdido chupetes, figuritas de la Marvel “Secret Wars” y un trillón de costras en mis rodillas. Me he perdido por la calle, en mi barrio, en mi casa y en El Corte Inglés de plaza Cataluña. He perdido en todas las consolas y juegos habidos y por haber, da igual que fuese el “Nemesis”, el “Emilio Butragueño” el “Tetris” o el “SuperMarioBros”. He perdido un millón de partidos de básquet y un millón de balones Mikasa que por cierto, eran los que molaban.
He perdido besos, un montón de besos, bueno, tampoco los he perdido, más bien no los he tenido. Aunque os diré una cosa, los pocos que he tenido, brillan hasta dejarte ciego. He perdido la cabeza por chicas, por películas y por sueños. Y ocasiones, he perdido millones de ocasiones de decirles a un montón de personas lo mucho que las quiero…y en celuloide, porque creedme, el digital está sobrevalorado.
He perdido la vergüenza, un montón de estudios, y un sinfín de brújulas y mapas. Oportunidades a mansalva de decir las cosas claras, de escribir de mundos que jamás imaginaríais, con la estúpida tranquilidad que están en mi cabeza, y que de ahí no se van a mover. He perdido amigos, bueno, me he alejado de ellos, o se han alejado ellos, o la vida o no sé qué o quién cojones, nos ha alejado.
He perdido momentos de cama con mi pareja, de esos en los que se rozan los pies y en los que se roza todo. Paseos cogidos de la mano, ratos de sofá y conversaciones acabadas, pero he ganado un maravilloso puzle de 4 piezas que encaja locamente a la perfección, como diría mi amiga Nadia. He perdido películas en cine que veré en unos años en la tv con tropecientos anuncios, un sinfín de noticias del telediario que no sé como acaban y la maravillosa película “Elizabethtown”.
He perdido juguetes, un millón de juguetes. Porque cada vez que un hijo mío pierde un juguete, es como si lo perdiera yo. He perdido la paciencia, los nervios y mi libreta Moleskine. Mi camiseta de tirantes a rayas molonas, mi pendrive de la ostia y cafés, un montón de cafés. Aunque esto último no me importa perderlo.
Me he dejado ganar, que eso es parecido a perder, he sabido perder y por supuesto…he sabido ganar.
En lo que llevo de camino, he perdido un montón de cosas y hace unos días, casi pierdo la ilusión. Por suerte, mi amigo Manolo me recordó que en la vida puedes perder lo que sea, menos la ilusión.
Gracias amigo…espero no perderte nunca.
chapeau!
Muchas gracias!!!! 🙂
Mucho ánimo
Muchísimas gracias!!!! saludos! 🙂
Genial post como casi todos los que haces… para quitarse el sombrero Carlos.
Un abrazo!!
Muchísimas gracias por las palabras Papá Agonías, un fuerte abrazo! 🙂
Muy buen post! Tenemos que aprender a perder sin perder la ilusión
Muchas gracias!! Pues sí!!! Lo último que se debe perder!! a ver…saludos!!!
Por mucho que pierdas seguiras ganando !!!
Y sera tan bonito lo que ganes , que no perderas nada !!
La ilusion tampoco !!
Besos a los cuatro y comparto 😊
Muchísimas gracias por las palabras Dolors! Besos!
La ilusión ? Never my friend, never
Me encanta leerte !
Y a mi encantan tus palabras! Muchas gracias!!! 🙂
Yo soy como tú de las que puerde, por olvido, dejadez, no buscar o dejar pasar el momento, muchas cosas. Lo que más me importa son los momentos y los amigos, ambos irreemplazables.
Que gran verdad! Los momentos, los amigos…hay que cuidarlos por mucho que a veces cueste 🙂
Abrazos y muchas gracias por leerme!
No!!!no!!!! La ilusión no se ha de perdre nunca!!!
Se fuerte!!!!!