MI HERMANO PEQUEÑO.

El post que nunca debí escribir, el post que necesito escribir con toda mi fuerza. Lo siento, dejadme que lo escriba, y si os apetece leerlo, guay, y si no, pues no pasa nada…

Noah, Lucía, Gabriela, Jordi, Sergio, Aitana, Laia, Ana, Bruno, Marc…y muchísimos más.

Todos estos nombres son amiguitos de Martí, con ellos, juegan, se pelean, comparten (o se roban) la merienda, ríen, lloran, sueñan a que inventan cosas, a que tienen poderes cósmicos o a que encuentran ese ansiado tesoro escondido en el patio del cole. Comparten momentos, comparten la vida, y en ellos, habrá 1000 conflictos, 1000 aventuras, 1000 rabietas…pero nunca habrá rencor, no amigos, eso nunca. Ya tendrán tiempo para que ese sentimiento aparezca en sus vidas…o quizás no.

Como admiro como lo gestionan todo los niños, alejados del mundo adulto. Como los admiro.

Al verlos, me acuerdo del Jaume, del Rubén, del “Guilli”, Bernat, Pablito, Oriol, Mireia, Laia, Marta, y tantos y tantos amigos de E.G.B, y recuerdo todas esas aventuras, como si las viviera hoy mismo. Y los echo de menos, pero algo brilla en mi cada vez que hablo con ellos, cada vez que veo una foto, cada vez que los recuerdo.

Gracias por los mejores años amigos del Montseny! (si no lo digo reviento).

Con los años, pues aparecen otros amigos en el camino de la vida, muchos se quedan, muchos están ahí, llueva, nieva o haya ataques sanguinarios de zombis…y por desgracia, otros se van. Siempre he creído que a pesar de todo, y a diferencia de lo que mucha gente cree, las amistades están ahí, en el aire, en tu vida, en tu corazón, en tu retina, por lo tanto, por mucho que haya lejanía, conflictos, frialdad, en realidad, nunca, nunca, desaparecen, porque nos guste o no, han formado parte de nuestra gran aventura.

Yo una vez tuve un amigo que se llamaba Marc…bueno, se llama Marc. Una vez, hace años, me dijo una de las cosas más maravillosas del mundo: “Como me hubiese gustado que hubieses sido mi hermano mayor”. Desde entonces,  fuimos muy amigos, como el Martí y la Lucía, el Sergio o la Aitana, y compartíamos fútbol (Me recuerdas de portero Marc, que risa?), sueños, y momentos en la máquina del café del trabajo, o nos escondíamos en los pasillos de aquel otro trabajo, sí, el cine, en el que hacíamos chistes con las guiris que venían, o nos íbamos al “Michael Collins” a arreglar el mundo, nos cagábamos en aquel Barça que no ganaba nada y soñábamos con un trabajo mejor.

Compartimos tantos momentos y tantas anécdotas que nombrarlas, me daría para hacer varios posts…recuerdo esa expresión en modo de onomatopeya de dibujo animado y ojitos caído que hacíamos al unísono, cuando la cagábamos con una chica, metíamos la pata con un amigo, o nos esperaba una bronca del jefe. Expresión que la llevo en el corazón, y que por cierto, cuando se la hago a mi hijo pequeño Mario, se parte la caja.

Entonces pasaron los años y los dos, en ese trabajo gris donde hay gente maravillosa y no tanto, nos distanciamos mucho, muchísimo, y entonces, pues se hizo una bola de esas de nieve gigantes, y apareció el rencor entre ambos. Con el tiempo mediante mensajes intentamos quedar, pero ya era tarde, demasiado tarde, creedme, muy, muy tarde.

Ojalá fuésemos dos niños…seguro que lo hubiésemos gestionado tan y tan bien. Y ahora? Pues seguiríamos compartiéndolo todo.

Sabes una cosa Marc, a menudo sueño contigo, algunas veces son sueños abstractos, en otros nos reconciliamos, y siempre, siempre te llevo en mis aventuras, en mi mente, en mis expresiones, en mis sueños, en mis anécdotas, en mi vida, aunque por desgracia…pues ya no estés, aunque en el fondo, si que estás…no sé si me explico.

Te echo de menos, mucho, muchísimo. Y todos me han dicho 1000 veces de que serviría hacer un “post”, si nunca, nunca…lo vas a leer.

Y claro, claro que todos tienen razón, y nunca, nunca… lo vas a leer, ¿pero sabes una cosa? Yo soy un soñador nato, yo soy el que cambiaría el final de “Manhattan”, “E.T”, “Casablanca” y “Moulin Rouge”, por lo tanto, déjame hermano, dejadme amigos y demás…que sueñe un poco.

Por eso cuando veo a los amiguitos de mis hijos, adoro esa manera de gestionar los conflictos, de amarse, pelearse, solucionarlo, divertirse…

Por eso adoro esas risas, esas carreras, esas alianzas para liarla en el patio, en la calle o en un cumpleaños.

Por eso adoro a los niños, sus amistades cambiantes, pero sinceras, brillantes.

Por eso os quiero tanto amigos de “E.G.B”, aunque no sepa nada de algunos de vosotros…desde “E.G.B”.

Por eso te sigo queriendo hasta el infinito y más allá hermano, porque en el fondo…yo también soy aun un poco niño, ¿y tú? Pues tú sigues siendo mi hermano, mi hermano pequeño por siempre más.

Charles pequeño

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6 Respuestas a “MI HERMANO PEQUEÑO.

  1. Algún día, pronto, leeré un post con los nuevos finales de Manhattan, E.T, Casa Blanca, Moulin Rouge… A lo mejor Love Story.
    Marc, ¿hareis eso por mi?

  2. Por supuesto que lo leerá… Como mi abuela leerá el que yo le dediqué a mi abuela… Algo queda de nosotros cuando vamos a no sé dónde… Y si alguien nos guarda así en el corazón como tu a tu hermano… Pues no vamos a ninguna parte seguimos aquí… Tatuados en algún corazón… Felicidades por este precioso post

  3. Brutal, sensible, encantador, tierno, me ha encantado el post, y ha hecho que crea que si que vale la pena seguir siendo como soy… gracias!

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