UN ABRAZO…

Mi suegro Rafael siempre dice lo mucho  que le gusta ver a la gente mayor cogida de la mano. En los últimos años, por fin he entendido a que se refiere.

Siempre he pensado que mi abuela, se ganó el cielo cuando nació. Una persona generosa, amable, dulce, atenta, dispuesta siempre a ayudar y con esa risa contagiosa, una risa que creo que la he heredado de ella, y muy gustosamente por cierto.

Mi abuela, la yaya “Kuki” (así la llamamos desde que mi hermana y yo éramos pequeños), hace años que esta cansada. Hace años que ríe más bien poquito, hace años que no hace esos macarrones de Frankfurt o esas tortillas de patatas…sí, se hace mayor, pero además lleva años aguantando las dificultades que este mundo ha guardado para ella: “La Juanita no ha tenido suerte en la vida”. Sentenciaba hace poco el Jaume, un primo de mi madre, y la verdad, razón, pues no le falta…

Mi abuela siempre que puede dice: “Dios aprieta, pero no ahoga”. En su caso creo si os soy sinceros, a ella le ha apretado demasiado en la vida…

Y este último golpe, quizás haya sido el más cruel. Estar 3 años de su vida cuidando de mi abuelo y de su jodida enfermedad, para que finalmente este domingo pasara lo que hacía tiempo que nadie quería y todo el mundo temía que pasara…que falleciera.

De mi abuelo recuerdo un montón de cosas, las de antes, las de abuelo, las de esas épocas de niños, esas épocas de la foto que acompaña a este post. Siempre recordaré a ese yayo Ro (de Isidro) de esos maravillosos años…sí siempre en el corazón.

Recuerdo  esos domingos en el terreno de la tía Angelina, o cuando me sentaba a su lado también los domingos en su casa y me hacía cosquillas en la oreja, o cuando nos ponía “Los pitufos”, grabados en unas cintas de Beta, o cuando pintamos el piso actual donde vivo, buff, seguro que debió pensar: “¿De donde ha salido mi nieto?”. Era un manitas…sí, todo lo contrario a mi. También recuerdo aquella vez que me dejó probar el vino y no me gustó y lo escupí en la copa y  pilló un rebote que ni os cuento…

Recuerdo su estudio lleno de herramientas, maderas, lápices, con esa olor a construcción, siempre dispuesto a ayudarnos en todo. Recuerdo un día de Navidad, hace pocos años, viendo todos “Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket”, no sé…fue un domingo de Navidad muy bonito. Recuerdo su bigote, tan chulo, tan elegante, tan arreglado…recuerdo lo cabezón que era, sí, como yo. Y recuerdo lo feliz que hacía a mi abuela, y mi abuela lo feliz que le hacía a él.

Ojalá hubiese sido mejor nieto y haber estado a la altura de lo buen abuelo que era. Ojalá.

Por eso, cuando me levanto un domingo cualquiera, y mi padre me llama y me cuenta lo que ha pasado, no reacciono, no sé que decir, no sé que hacer. Y cuando al cabo de unas horas me derrumbo en el sofá y le explicamos a mi hijo Martí lo que ha pasado…pues me da un abrazo.

“La muerte” es un tema delicado de explicar a los niños. Unos padres obtan por esconderlo, otros por contarlo tal cual, otros lo adornan, otros dan poquitos detalles…

No sé, cualquier cosa imagino que está bien pensada desde la perspectiva de unos padres intentando hablar de algo doloroso a un niño. Nosotros le contamos a Martí lo que había pasado, y creo que lo entendió a medias… ¿Pero sabéis una cosa? El abrazo que me dio  era de alguien que entendía perfectamente que en ese momento, su padre necesitaba un abrazo más que nunca de su hijo, y yo que se lo voy a agradecer siempre. Son tan listos los niños y tienen tanto y tanto amor dentro…

Toda mi admiración para mi abuela y su bonita historia de amor… sobretodo por su valentía, generosidad, su lucha y su sonrisa.  Quizás a veces muchos no entendíamos como vivía todas las mañanas mirando el reloj, para estar a las 15.00 de la tarde en la residencia y acompañar toda la tarde a mi abuelo. La primera en llegar, la última en irse. Quizás debería haber descansado más, y no dejarse la salud en esa lucha…que se yo. Lo que si sé es que eso, es amor. Y me da que todos hubiésemos hecho lo mismo en su situación…

Y eso, es precisamente a lo que se refiere mi suegro cada vez que dice lo de que le encanta ver a ancianos cogidos de la mano. ¿Sabes una cosa Rafael? A mi también me encanta…gracias por tu sabiduría.

Me quedo con todos los momentos que el “Ro” nos dio, que son muchos y me quedo con ese abrazo de mi hijo de un domingo por la mañana, y por supuesto, me quedo con todos los abuelos que pasean cogidos de la mano por la calle.

Nosotros

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4 Respuestas a “UN ABRAZO…

  1. Mi madre lleva 10 años sola cuidando a mi abuela con alzheimer. Desde hace por lo menos 8 años ya ni siquiera nos reconoce y a día de hoy es incapaz de comunicar absolutamente nada, por lo que la labor de cuidador se hace especialmente dura. No obtener nunca un gesto de agradecimiento, hacer un sacrificio tan grande sólo por el amor que se ha tenido a esa persona es un gesto enorme de generosidad. Mi madre sé que sufre mucho porque no puede despegarse ni un momento de ella (es dependiente en grado III) y aún así la echará de menos el día en que falte. me pasa como a ti, prefiero quedarme con el recuerdo de lo que ha sido para mí mi abuela, pese a que ahora sea tan diferente de la mujer que todos hemos conocido.

  2. ¡¡Ufff…!!

    Qué decir ante un post como este… Poca cosa, y supongo que ninguna que no suene a cliché. Así que simplemente darte muchos ánimos, y que con gestos como ese del abrazo, me reafirmo que tienes un crío que es una joyita.

    Ahora es tiempo de que la yaya Kuki se cuide… y de que la cuidéis, supongo. Que bien se lo habrá ganado.

    ¡Un fuerte abrazo, amigo!

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