EL NIÑO SIN CACAOLAT

Conozco a un niño que no puede tomar Cacaolat. No, no se transforma en un sanguinario vampiro, en Mr Hyde o le salen huevos rollo Los Gremlins (Ep! pero los malos, no Gizmo) si bebe un frasco de tan entrañable bebida. Tampoco tiene ningún tipo de alergia, ni se lo ha prohibido el pediatra y por otro lado os aseguro que le encanta.

No puede tomar Cacaolat (sobre todo en “prime time”) por la sencilla razón de que si ya es un “nervio” con pies…con el Cacaolat se desboca, se acelera a límites demenciales y cuesta, todo cuesta mucho.

Yo le llamo el niño sin Cacaolat…porque nunca tuvo Cacaolat, o más bien pocas, muy pocas veces.

Sus padres, empezaron a obviar el tema del Cacaolat, y lo sustituían por zumos, aguas, leche…incluso un Colacao, pero el Cacaolat? Ni de coña…

Pasaron las semanas, los meses, incluso años…y el Cacaolat? Pues dejó de pedirlo, yo creo que ni se acuerda que existe.

El niño sin Cacaolat, posiblemente lo que menos necesite, sea un Cacaolat. Necesita más libertad, necesita menos etiquetas, necesita que le respeten, necesita jugar más con sus padres, con sus amigos, con su familia, necesite que su padre le escuche más y no se enfade tanto con él, necesita estar más con su madre y que ésta esté descansada para poder estar al 100 por 100 por él. Necesita que no le estén (que no le estemos) recordando todos que no para quieto ni un momento. Necesita más confianza en que va a tratar bien a su hermano por parte de todos, no  hace falta que cada vez que se acerque a su hermano pequeño el radar “Cuidado que se acerca el niño sin Cacaolat” se activa en el resto de la humanidad.

No necesita esas miradas asesinas adultas como si fuese un monstruo sin escrúpulos a punto de comerse a otros niños  menos “nervios”, y que podrían pasarse la tarde bebiendo “cacaolats” y  no les pasaría nada,  no necesita que le llamen la atención cada 5 minutos, sean sus padres o no sean sus padres, estén sus padres o no estén sus padres…y no, no necesita un Cacaolat.

A veces miro al niño sin Cacaolat…y me sabe mal. ¿Donde está su Cacaolat como los de sus amiguitos?  ¿Donde? Pero quizás lo que más me preocupa es que en demasiadas ocasiones olvidamos y sobretodo: OLVIDO…que es un niño. Sí, sin Cacaolat, pero con niño, ya me entendéis.

El niño sin Cacaolat es cariñoso, es atento, sí, es un jodido “nervio” (perdón), es divertido, es puñetero, es mágico, de verdad que lo es. Es un niño de “alta demanda”, extremadamente sensible, que le cuesta aceptar las frustración, que a veces…todo se le hace un mundo.

Recuerdo esa sensación en mi. Eso de que todo, se te haga un mundo. La recuerdo del pasado, la recuerdo del presente y posiblemente estará en el futuro.

La recuerdo de cuando era pequeño, la recuerdo en BUP con aquellos exámenes de Ciencias tipo test, la recuerdo montando un display en el cine (si, esos posters figuras que molan tanto, alguien los monta, y yo lo hacía hace años, y es una puta mierda, de verdad), la recuerdo cambiando un pañal de caca líquida a punto de salirse en un banco de esos más duros que una roca, la recuerdo haciendo cualquier tipo de comida en la cocina, sea pasta, garbanzos o calentar una miserable bandeja congelada de La Sirena. (Porqué demonios los canalones están congelados por dentro siempre?).

Sí, el niño sin Cacaolat…es como yo. Bueno, yo era mucho  menos “nervio” (creo), y él sin duda alguna, es mucho más listo que yo.

Por lo tanto: Si el niño sin  Cacaolat es como yo, ¿no debería entenderlo a la perfección y empatizar  un poco (bastante) más con él?

Me detesto cuando en ocasiones, me gustaría que el niño fuese menos “nervio”, y de paso, tuviese un Cacaolat. ¿Pero quien cojones me pienso que soy? Me gustaría, me gustaría…

Me quejo de lo poco que empatiza la gente con él…y YO??? Si soy el primero que se queja por todo! Que si es un “nervio”, que todo se le hace un mundo, que cambia de opinión cada 5 minutos, que es protestón, que no para quieto  tome Cacaolat o no lo tome…

Me da la sensación que el niño sin Cacaolat lo que más necesita de su entorno, y sobretodo de un servidor, es comprensión y no un Cacaolat.

Queda trabajo por hacer y mucho. Prometo empatizar. Empatizar…empatizar…empatizar…esa es la palabra.

Como diría Carme Thió de Pol en su libro “Me gusta la familia que me ha tocado”: “La empatía hace milagros”.

El Cacaolat?  

Cualquier día sin más, nos lo tomaremos, los dos juntos, sea el día que sea, sea la hora que sea…en el fondo, eso es lo de menos, ¿no?

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5 Respuestas a “EL NIÑO SIN CACAOLAT

  1. Es curioso ver cómo nuestroa hijos son tan diferentes a cómo los imaginábamos. Es normal que no sean como esperábamos, pero yo también a veces he pensado ese tipo de cosas raras y sí, sabe malo.
    Oye, me has dejado intrigada con el Cacaolat, ¿tan energético es? ¿No tiene nada que ver con el colacao? Está bien saberlo

  2. Habría que hacerse una camiseta con el estampado EM-PA-TÍ-A (emulando al gran Pepu, cuando lanzaba también aquello de BA-LON-CES-TO, con la selección de Basquet tras el mundial de Japón), y ponérnosla todas las semanas.

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