MI VIDEOCLUB

Video Club Martí

En mi barrio queda un videoclub. Y digo “queda” porqué por desgracia los videoclubes están en peligro de extinción desde hace ya tiempo. Mi videoclub no es muy grande, no tiene un cartel luminoso y atractivo y tiene unos escaparates que mezclan posters de los últimos estrenos con figuras y muñecos extraños y para mi gusto algo delirantes, pero que demonios….es mi videoclub y me encanta. El videoclub en cuestión se llama “Metro” y lo regenta un tío que pasa de los  40, con un pequeño pendiente en la oreja y pelo canoso….su nombre? Ramón, un tío seco, de pocas palabras, y con un posado como si quisiera esconder su lucha constante (digo yo) para mantener su videoclub a flote día a día. Y es que Ramón lleva años en el barrio al pie del cañón luchando contra viento y marea, y las debe haber visto de todos los colores, sin embargo, imagino que la situación actual que viven los videoclubs está siendo el mayor obstáculo que haya vivido.

Cuando entras en el videoclub “Metro”, Ramón suele  estar  a oscuras, sentado en una mesa repleta de revistas de cine actuales, y visionando una “peli” con el sonido a toda castaña.  Cuando veo esa estampa pienso: “que trabajo más chulo! yo lo quiero!”. Y es que a Ramón no sólo lo admiro por trabajar en un lugar  donde siempre me hubiese encantado trabajar, sino también porqué en el fondo, es un romántico , un cinéfilo como la copa de un pino, un tío que  se resiste a cerrar  su videoclub, viviendo su trabajo con un amor envidiable.

El videoclub “Metro” siempre tiene las últimas novedades, con sus respectivos  posters  y caratulas de los films renovados continuamente en los escaparates, aunque el sello de distinción del videoclub “Metro” son sus valoraciones de la película en una o varias palabras tanto en las cajas de los films del interior del local como en las imágenes del cajero automático, y es que  en muchas ocasiones, Ramón añade  en rotulador negro algún comentario sobre el film, que en un principio (lo reconozco) me parecía gracioso, pero que a día de hoy lo encuentro algo realmente entrañable y un sincero ejercicio de profesionalidad.

Utiliza varios, sus clásicos y más habituales son: “genial”, “una pasada”, “buena”, “muy buena”. Los  4 clásicos por excelencia de Ramón. Muchas veces estos comentarios los combina con el género de la peli, por ejemplo: “terror genial”, “suspense genial”…Aunque  mi comentario favorito es sin duda: “una pasada”. Más claro el agua, y es que con un comentario así alquilas la peli sí o sí.

Sí, son palabras fáciles y sencillas y no dejan de ser opiniones de los films muy subjetivos, pero estoy seguro que han ayudado a muchas parejas a no romper su relación en la apocalíptica, catastrófica y terrible tarea de ponerse de acuerdo a la hora de escoger una película un domingo por la tarde.

Pero lo más divertido es que cuando vas al cajero automático a coger las últimas de Spielberg, Allen o Tarantino y no puedes evitar mirar de reojo la sección “x” con esos títulos tan divertidos y sugestivos, te das cuenta que los comentarios de Ramón “genial” o “muy buena”, también están en ese género de “pelis”! si señor!  Ramón no sólo te recomienda las pelis de acción o de terror de turno, sino también las porno y lo que es mejor, no se esconde! “Chapeau” Ramón!

Ahora seguro que os estaréis preguntando porqué sigo alquilando pelis en un videoclub habiendo todo lo que hay en la red tanto legal como ilegal…verdad? bueno supongo que soy un nostálgico….como Ramón. Echo de menos esos días en que te pasabas horas para escoger una “peli” en tu videoclub del barrio, cuando te morías por alquilar el estreno “ochentero” con el que habías soñado cada noche y  al día siguiente siempre estaba alquilado. Con  aquellas cintas de “VHS” “Beta” y “2000” ordenadas exquisitamente por genero, con aquellas caratules coloridas, con relieves y purpurina en algún caso….Benditos años 80!!

Todo eso se ha  perdido, sólo queda la nostalgia de Ramón y la de algunos más …. bueno, y la mía claro. Por eso para mi ir al videoclub una vez a la semana como mínimo, no sólo es un ritual, es un deber moral, un grito a todos de que hubo un pasado maravilloso, y un apoyo (si, quizás tarde, muy tarde ) a la gente que durante tantos años han trabajado o trabajan en los videoclubes, y se han sentido desprotegidos en la piratería y por desgracia han tenido que  cerrar sus negocios…sus sueños.

Soy consciente de que en un país donde sube el IVA una barbaridad, donde pagar los recibos a fin de mes es una pura cuestión de malabarismos, donde ir al cine te supone volver a casa en calzoncillos, donde todo es carísimo… cojamos (yo el primero) lo primero gratis que tengamos a mano, sin pensar en las consecuencias, y  es que lo que está claro es que todo ha sido una serie de despropósitos por parte de todos, empezando por los que mandan en todo este tinglado del “séptimo arte” y acabando por los políticos que tenemos.

Es por eso que quiero ir al videoclub y respirar una vez más ese perfume de los 80, esa ilusión … porque no se cuando  durará, y me siento feliz cuando pienso que mi hijo Martí de 3 años sabe lo que es un videoclub, y disfruto cuando cada vez que vamos, se queda embobado con unos ojos como los de un búho al ver tantas y tantas películas, una mirada que me recuerda a mí cuando era pequeño. Entonces me invade la tristeza cuando pienso que a su hermano pequeño Mario de 5 meses es muy probable que le tengamos que explicar que es un videoclub, y es que ya me lo dijo mi amiga Eva: “Carlos, hoy me he acordado de ti, hemos escuchado a una niña de 8 años preguntándole a su mamá que era eso de un videoclub?”.

Si llega el día que Mario me lo pregunta a mi, Martí y yo  le responderemos que había un vez un lugar fantástico donde se reunían todas las películas habidas y por haber y tu entrabas y podía coger las cintas, mirar las fotos de detrás y al llegar a casa, ponías la película y te transportaba a otros mundos, soñando ser el protagonista durante esas dos horas. Y también le diremos que en el barrio había un videoclub llamado “Metro” que era “una pasada” (como diría Ramón), aunque … qué dominios! estoy seguro de que con el empuje y la ilusión de Ramón, el pequeño Mario pronto podrá pisar el videoclub  y escoger la “peli” para verla junto a su hermano, y eso amigos míos … no tendrá precio. Así que gracias Ramón, eres “genial”.

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11 Respuestas a “MI VIDEOCLUB

  1. Ahh… Squire…
    Eres un nostálgico! No es un reproche, es una alabanza, porque eso te hace más sensible y encantador (y soñador!) ¡Qué demonios, te hace más Carlos!
    Recuerdo que hace años -en tiempos en que no existía la posibilidad de “bajar” pelis gratis- estuve esperando meses a que saliera una peli en DVD para alquilar. Cuando por fin apareció, resultó que el videoclub del que era socia, no la tuvo nunca en sus estanterías, así que me hice socia de otro videoclub en el que sí disponían de la película. Esa fue la primera y única película que alquilé en ese videoclub (¡!)
    ¿Que qué película era? “Open Water”, una peli más que mediocre sobre unos buceadores que son abandonados en mitad del azul…

    • Jambo!! muchas gracias por las palabras! ya conoces lo “bleda” que me pongo a veces con eso de los “80”, je,je 😉
      “Open Water”!!! recuerdo ese título!! que buena la trama de los buceadores, ja,ja, ja! Aunque si dices que era mediocre, me lo creo!!
      besitos!!

  2. Me encantan los videoclubs. En mi barrio ya no quedan. El último cerró hace casi un año y ahora hay un locutorio. 😦

    Me encantaba ir al videoclub todos los sábados por la tarde, para escoger la peli que íbamos a ver. Mi padre y yo nos lo pasábamos en grande. Mi marido y yo siempre hemos dicho que uno de nuestros sueños hubiera sido tener nuestro propio videoclub. Me imagino a David con un rotulador, poniendo los mismos comentarios que Ramón.

    Es lo que tiene amar el cine y la cultura en general. Carlos, espero que Mario pueda ir contigo y Martí para que vea con sus propios ojos, ese pequeño mundo de fantasía.

    BESOTES

      • Hola Carlos!!

        Cerca, lo que se dice cerca no hay, pero yendo de mi casa a la de mis padres, a mitad de camino hay uno. El otro día pasamos por delante, pero estaba cerrado, si no le hubiera dicho a David de entrar!!! jajaja.

        BESOTES

  3. Cuando me mudé de casa y ví que habia un videoclub en la esquina me hizo super feliz!! Me apunté de inmediato y pasamos con V de vez en cuando a alquilar una película, la mujer que lo regenta (llamémosla Ramona) también es la mar de peculiar, con sus comentarios a las películas, su película puesta de fondo y siempre tiene una queja como “hay que ver, que me devuelven los blurais llenos de marcas de dedos siempre” o una história que contar de una mujer que no le devolvía tres películas y fue a su casa a por ellas… En fin, que lo de pasearse por las estanterías (pena que también sea pequeño) es mágico, añoro ese blockbuster de antes! pero siempre se encuentra alguna cosita 🙂

  4. ¡¡Lo está!! En el paralelo de Barcelona, y de vez en cuando vamos a alquilar cosas y todo, deberíamos presentar al del tuyo y a la del mio 😛

  5. Me ha encantado el artículo!!!! Lleva muchos sentimientos plasmados, sentimientos y nostalgias que a gente como Ramón y yo nos llegan a lo más hondo. Porque saber que hay gente que ama el cine y lo respeta, que sigue disfrutando con los videoclubs…. ufffff. Quedamos muy pocos y con grave peligro de extinción. Mas seguimos luchando a contracorriente para poder mantener estos locales que han formado parte de la niñez y adolescencia de los nacidos en los 70/80. Por mucho internet que exista, por muchas redes sociales, descargas legales e ilegales de pelis y un sinfin de tecnologías que se nos ponen en contra a los videoclubs, nada es comparable con entrar y buscar entre los estantes, girando las pelis para leer las sipnosis, los comentarios que os damos los que trabajamos incansablemente en estos sitios,…. No contamos con ayudas ni apoyos de nadie, parece que haya un complot para exterminarnos… ¡ni que fuésemos zombies!!! ^_^

    Por favor, desde mi humilde videoclub y en nombre de muchos de nosotros, os pedimos que vayais a alquilar pelis, que no dejeis que nos hagan cerrar y desaparecer. Nos está costando el pan abrir cada día. Pero la esperanza es lo último que se pierde…¡maldita esperanza!

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